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Ser humano

marzo 31, 2014 10:25 pm Publicado por: Comentarios desactivados en Ser humano

Por Carlos “Chingui” Méndez S.

Ser humano, ¿Qué es ser humano? Es movemos constantemente entre dos mundos: entre lo racional y lo irracional. Las personas espirituales o más poéticas quizás se referirán a estos dos mundos como la lucha entre la razón y las emociones. Aquellos de corte más científico quizás la denominen la lucha entre la evidencia empírica y la fé o quizás la lucha entre el hemisferio cerebral izquierdo y el derecho o más precisamente entre la corteza cerebral y el sistema límbico.

Personalmente admiro mucho la precisión y lógica de las demostraciones matemáticas así como de otras ciencias exactas, pero a la vez me rebalso de emociones al ver a los Le Cons del show La Nouba del Circo del Sol. En el primer caso veo a matemáticos y científicos de todo el mundo hablando un idioma universal: el de los números, de las observaciones y la lógica que luego convergen en conclusiones similares. En el caso del Circo del Sol, observo a actores calvos hombre-mujer, con la piel completamente pintada de blanco, en vestidos también blancos, moviéndose torpemente pero por ratos increíblemente coordinados al ritmo de la música. Podemos pensar con detalle la secuencia de pasos que condujeron a los científicos a las conclusiones alcanzadas, pero no podemos explicar por qué los actores del Circo escogieron estar calvos, con esa indumentaria y colores o por qué se mueven como se mueven.

Estos dos mundos son tan opuestos que constantemente entran en acalorados conflictos a tal punto que me sorprende que coexistan juntos en este pequeño planeta. ¿Qué? ¿No estaríamos mejor si unos se mudaran al norte y otros el sur? Para lograr esto tendríamos que partirnos a la mitad, en vista que estos dos mundos habitan dentro de cada uno de nosotros.

Estos conflictos, tanto a nivel individual como entre nosotros, son producto de la dispersión heterogénea de experiencias y de cómo éstas interactúan con nuestro cerebro. La evolución y/o Dios, dependiendo de en qué creemos, se ha encargado de dotarnos de un cerebro dicotómico que puede ser simultáneamente racional e irracional. Esto es afortunado en vista que pareciera que la vida intencionalmente nos limita las experiencias y nos da abundantes de otras, para que así nunca tengamos toda la información necesaria.

Esta asimetría de información hace que al final tenemos que decidir en qué vamos a creer o confiar y qué vamos a analizar delicadamente. Aunque parezca extraño, somos más eficientes siendo irracionales de vez en cuando. O puesto de otra forma, seríamos una especie sumamente ineficiente si quisiéramos abordar todo en forma racional. A su vez, no llegaríamos lejos si todo lo hiciéramos en forma irracional. Por eso me gusta afirmar que la objetividad es el sutil acto subjetivo de decidir cuánta información deseamos aceptar.

Ahora, esto nos hace inconsistentes y contradictorios, pero a su vez capaces de maravillas y expresiones ingeniosas que nos dejan sin respiración. Es formidable como encendemos y apagamos la fé caprichosamente, de cómo usamos y desechamos la racionalidad cuando se nos antoja, de cómo nos cegamos al hecho de que constantemente hacemos esto y a la vez somos capaces de logros objetivos tan formidables en la espiritualidad, la ciencia, la tecnología, el deporte y el arte.

Me parece interesante la eterna lucha entre el génesis y la evolución. También son curiosas las interminables discusiones políticas por discernir cuál es el mejor sistema económico y político. Similarmente noto la constante discusión entre los jóvenes y adultos por llegar a un acuerdo sobre quién es el mejor compositor, escritor, pintor o músico. ¿Qué? ¿No se dan cuenta que estas tareas son imposibles de resolver?

Muchos nos sentimos felices en sistemas libres y espontáneos, pero a otros les gustan los sistemas conservadores, las reglas, la estructura la autoridad. Qué hace que una persona en particular opte por uno u otro es imposible de discernir, pero de una cosa estoy seguro: seguirán habiendo de los dos.

Muchas personas desean creer en seres supremos y en que son producto del diseño de seres divinos y todopoderosos. A otros no nos importa sentirnos minúsculos en este gran universo, ni haber venido de seres unicelulares y/o simiescos producto de fuerzas sin propósito. ¿Por qué unas personas eligen unas explicaciones y otras otras? De nuevo esto no puede ser explicado con certeza, pero estoy seguro que seguirá habiendo de los dos.

Similarmente el arte es caprichoso y debe tratarse como tal. Pretender abordarlo en forma racional es inútil. El arte es una manifestación de las emociones, es casi un impulso que por ratos se asemeja a un espasmo neurológico aleatorio. Pero hay aquellos que les gusta analizarlo y derivas estándares para decidir cuál es el mejor poema, o la mejor pintura o el mejor compositor. Pronto nos damos cuentan que hay tantos estándares como cabezas en el mundo.

Lo que nos hace avanzar, ser tan diversos y por ratos tan eficientes y efectivos es precisamente esta lucha entre lo racional e irracional. Por ello no creo que en este mundo habrá paz jamás y con esto no quiero ser fatalista, sino realista. Estamos diseñados para estar en pugna, y eso es lo que nos hace ser lo que somos hoy: una formidable mezcla de maravilla y horror. Paradójicamente, creo que en la medida en que internalicemos esto, notaremos que nos tornamos en seres más pacíficos y tolerantes.

Ignorar este hecho, o pretender que sea de otra forma, equivale a pretender no Ser Humanos.


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