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MEDITANDO SOBRE MI MUERTE

octubre 17, 2015 9:44 am Publicado por: 2 Comentarios

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Por Carlos “Chingui” Méndez S.

Tema musical sugerido para escuchar mientras lees: El Sol Dice (Viernes Verde).

Salvo casos muy particulares, uno nunca puede meditar sobre como fue su muerte, es más nunca nos enteramos que hemos muerto. Si mucho, por unos segundos, nos percataremos que estamos en aprietos y aprovecharemos para decir adiós a seres queridos, pero realmente, es imposible confirmarse a sí mismo que efectivamente uno ha muerto.
 
No obstante, a veces se puede meditar un poco sobre la propia muerte, o mejor dicho sobre la cuasi-muerte y, sí, admito que estos eventos son cambia vidas. No había escrito sobre esto, pero es algo sobre lo que con frecuencia medito. Por una experiencia personal que tuve hace unos 17 años me parece que la muerte (o cuasi-muerte) en una buena cantidad de casos son segundos de angustia seguidos de un apagón negro usualmente todo dentro de un contexto de total calma.
 
Cuando tenía alrededor de 30 años tuve una condición rara donde se me bajaba la presión de forma imprevista y perdía el conocimiento por micro-segundos. En la emergencia mi doctor me dijo que quería ver qué me pasaba y que para ello me iba a sentar sobre la camilla, quería ver la respuesta de mis estados vitales. Aproveché para una broma angustiada y le dije: “hay me agarran”. Se rió y con una mirada empática me dijo: “no tengas pena, te tengo bien agarrado.” Me sentaron y total apagón (blackout). No vi una luz, no vi un tunel, no vi nada. Solo todo se apago. El último recuerdo visual que tengo es el color negro.
 
Cuando regresé las enfermeras y el doctor estaban como locos y había mucho movimiento en la sala de emergencia. Yo ya estaba acostado y el doctor me tenía tomado de la mano y me dijo: “casi te nos vas.” No se por qué me lo dijo, quizás quería que mi adrenalina se elevara y eso ayudara en el proceso. Recuerdo el caso de una persona que fue atacada y prácticamente despedazada por un Grizzly y que luchó por liberarse pero que hubo un momento donde le entró una calma total y aceptó su destino. De hecho, paradójicamente, eso lo salvó. Al dejar de luchar, el oso lo dejó ir. Es decir, pareciera que el cuerpo en momentos de total crisis corporal o agonía segrega endorfinas o relajantes. Tal vez esa sea la mejor estrategia en dichos casos, es decir, una total paz. Tal vez esa misma descarga de endorfinas hace que nuestra imaginación divague y busque consuelo en la imaginación . Luego, cuando ya está la ayuda cercana quizás la adrenalina sea de nuevo el mejor aliado. Intuyo que el cuerpo sabrá que respuesta emocional de crisis es la más apropiada en función de la información del entorno. La cuestión es que, en mi caso, luego de que recuperé la consciencia me entubaron y empezó un largo proceso por investigar que me pasaba, pero esa es otra historia.
 
Me parece que para la gran mayoría de personas, la muerte nos toma por sorpresa, y el proceso de llegar a ella puede ser lento o más rápido para unos que para otros, pero cuando se está ya próximo a ella, todo sucede muy rápido y aparentemente el cuerpo sabrá qué respuesta emocional es la apropiada: si luchar o dejarse morir en calma.
 
Agradezco que la vida me ha permitido meditar sobre esta experiencia por que, eso sí, yo ya me podría haber muerto que ni cuenta me hubiera dado.

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